Veía tus manos en todo el jardín
La dalias reían al sol por tu graciaConejillos cruzaban sus labios
en sorna cuando pasabas a su lado.
Lunas y soles cubrían ese espacio
de mis sueños
Allí rodeada de colores veía venir a mi padre, espejismos en mi desierto.
De no estar el refugio
que creabas cada día,
y diezmabas a tu antojo.
Yo no hubiera sido posible.
Hubiera perecido en las visitas de la melancolía.