Hay una tristeza en mí tan finita como la línea de la vida.
Hay una tristeza que no da respiro, que creció con mi niña.Una tristeza que perdió
el valor de la denuncia, que perdió un riñón, no se que me quiere.
Hay una tristeza que no tiene el valor de decirse en voz alta, no me mira de frente.
Que sacude las ramas de un cuerpo trastornado, y se oculta tras los días detrás de las puertas.
Hay una tristeza anterior a sus muertes
que se fué en una foto a la fosa
de un lar de paz.
Mientras ella labora espero el próximo
misterio.
Nada sé porque no me mira ni me habla, hasta que envía sus emisarios.