martes, febrero 23, 2021

"El Ojo"

 




El ojo

El día plomizo enajenaba su vista, fruncía el entrecejo y entornaba los ojos. El verde desbordaba los parques.
 Cruzó la calle rumbo al museo Nacional, caminó por una alfombra violeta, jacarandaes altivos bordeaban la avenida, iba abstraída, con ritmo rápido. Sin embargo su mirada percibe, algo llama su atención, vuelve sobre sus pasos y se le hiela la sangre.
Allí entre las flores pisoteadas, un ojo la mira.
Levantó la vista, se hallaba sola en la vereda, ni un perro en la grisura.
Pensó - no puedo dejarlo acá, o mejor me voy y hago de cuenta que no lo vi-. Sabía que su mente no le daría paz, no podría olvidar ese ojo mirándola.
Buscó en su cartera, a veces tenía bolsitas de plástico - por sí encontraba ojos - pensó, sonriendo con la locura del momento. Una servilleta de Starbucks grande y gruesa, le ayudaría a levantarlo, sentía una profunda náusea, mezcla de asco y curiosidad -¿cual sería la textura?. Sólo lo sabría al levantarlo.
Sin mirarlo lo tomó con la mano forzada, como si fuera una garra, como una fiera sin sentimiento y lo metió en la bolsa, ¿pero que haría con eso en la cartera? .
 Debía buscar un policía, decirle del hallazgo. Quizás el tuerto o tuerta, estarían por allí buscando su bello ojo, quizás no era tarde para un implante.
Caminó y buscó una persona a quien decirle ,
-Mire encontré este ojo, ¿no sabe si alguien perdió uno?¿ no vino nadie a reclamarlo?- .Pero no, el lugar era un Páramo.
Maldijo su ojo entrenado de fotógrafa, siempre en busca de una escena que inspire su fiel lente. Este era el escenario fetichistico fotográfico perfecto, mirar y ser mirada por el sujeto de estudio. Sacó la cámara, hizo un disparo, guardó ambas cosas en la cartera, pensó en lo práctico de tener una tan grande y siguió caminando.
Pensó en la coincidencia, ojo = cámara redonda, que yacía abandonado en la vereda sucia. Obvio que no tendría un rostro grabado en él como en las novelas de ficción, donde se podía ver el asesino, no, hubiera sido de ayuda. 
Entró al museo y buscó un guardia, le refiere el descubrimiento, el hombre la mira como se mira a una loca.
 - Conozco  esa mirada se dijo a si misma- . En cambio balbuceó -Señor mire y  abrió su cartera.  - Acá lo tengo, mire por favor-
  El hombre sonríe y le responde -  mire señora no es de mi incumbencia-  y se alejó como si ella le hubiera dicho que tenía sed.
 Mente paralizada, se le había congelado, no entendía que la ignorara. Se dirigió al la recepción, unas chicas le dicen que debe dejar la cartera. Ella las mira  y  dice - Sí,  pero cuidado que adentro tengo un ojo y no deben apretarlo, o se puede dañar-
 Las chicas rieron por la ocurrencia. Decide retirarse, se dio cuenta que sería inútil explicar, sentía que había  traspasado una línea invisible, cruzado un límite. 
Era como ver una película del director Lynch, recordó la oreja tirada en el jardín, en su película "Terciopelo Azul", una incógnita, un acertijo, una oscura historia.
 Transpiración, la frente chorreaba agua, como una fuente, brotaban gruesos hilos hacia los costados de su cara, tal era la situación. No logra acercase a un pensamiento coherente, todo es deriva.
Que hacer con un ojo en la cartera pudriéndose  en la ignominia, en el anonimato, mientras su dueño pierde la vista lateral de la vida, o vaga sangrando por el mundo.
¿ Cómo es un ojo sin ojo? una órbita obscena, ¿y detrás que?, ¿ qué hay en el fondo del agujero?
La visita deseada al museo se le ha arruinado, sale furtivamente, camina por Pueyrredón rumbo a Santa Fe, el aire frío le electriza la cara, su cuerpo está húmedo, su ropa huele a transpiración insana, como todo lo que acontece.
 Los transeúntes caminan por doquier, a nadie le falta un ojo, se ríe para sí, la tontera, el humor la atraviesa, la salva.
En el camino encuentra una gran clínica, entra en ella, decide no hablar. Se dirige a la recepción, saca el ojo de la cartera y lo deposita en el mostrador, una señorita  horrorizada lo mira, el ojo no pestañea, parece ausente, sin vida.
La mirada es un signo de pregunta, ella dice - ¿este no es su ojo no? . No, obvio que no, le responde sonriendo -  La joven dice - ¿ que quiere que haga? -  No sabe, no contesta. 
La  muchacha asustada llama a alguien por el ínter comunicador. 
Enseguida un médico y un guardia aparecen por entre bambalinas.  Señora ¿ que sucede, puede explicarnos por favor?, la miran a los ojos. Ella cuenta, ellos no entienden, con aires de autoridad le dicen que no pueden hacer nada. Y ya que no se sabe de quién es, le pertenece, debe llevárselo.
¿Adonde? dice ella. Lo ignoran, es su responsabilidad.
De nuevo la calle, ahora se le sumó la responsabilidad, como una pariente pobre de ese  ojo abandonado y que nadie quiere. A su alrededor el furor humano con ojos.
 La única comisaría que recuerda está en Palermo, queda en la calle Julián Álvarez. Una vez allí se propone entrar, la paran y le preguntan, 
- ¿por que asunto viene?- .
 - Vengo por un ojo dice- . Con dudas le franquean el paso.
Un oficial incrédulo la increpa - ¿ Que desea señora?- . Ella vuelve con su relato, le muestra el ojo, al mirarlo lo advierte cansado, la luz de la pupila parece extinguirse. El hombre mira y dice
- ¿ Que quiere hacer, por lo visto no es suyo? -
Contesta molesta
 - No lo crea, quizás es mío, o tal vez alguien me lo mandó, para que vea todo lo que he visto desde hace unas horas -. El oficial la mira serio y duda de su cordura.
 Le tomarán declaración, deberá esperar una hora con su compañero. Más tarde  la llevan a un cuarto, hay un  escritorio, mate, papeles, cafetera, sellos. Una máquina de escribir  y un hombre la esperan para la entrevista:
-Buenos días, ¿ que la trae por acá?
-Vengo por un ojo, lo encontré en la vereda del Museo Nacional (lo pone sobre el escritorio), el hombre lo observa.
- ¿Es suyo?
- No, lo encontré tirado y lo levanté.
- ¿Y porque decidió levantarlo?
-Porque me miraba con tristeza.
-Pausa-  el hombre la mira, parece dudar, pero sigue.
¿Preguntó a alguien si le pertenecía, o si habían visto algo?
- Todos dijeron que no.
- ¿O sea que no sabe de quién es?
-Ni idea, pero si quiere saber, creo que es de una mujer, es muy dulce.
-¿ Qué desea  hacer con ese ojo?
- Nada, quiero que ustedes se encarguen e investiguen.
- ¿Quién la envió ?
-Nadie, ustedes son los que pueden investigar si hubo algún accidente y alguien lo perdió.
- ¿ Que piensa que podemos hacer nosotros? Comprende que no es nuestro trabajo buscar gente a la que le  han robado un ojo.
-No creo que sea un robo.
-¿Quiere hacer una denuncia de algo?
-Si, quiero denunciar la incapacidad, la indiferencia.
- ¡Ha! pero acá no tomamos esas denuncias. Y si me disculpa estoy muy ocupado. Le señala la puerta.
De nuevo en la calle, cansada, ahora ya no miro  la vereda, por si me encuentro con el par.
Enfilo hacia mi departamento, al entrar mi marido pregunta a modo de saludo - ¿ que te pasa?,¡ Tenes una cara!-
Saco el ojo y lo pongo sobre la mesa, él, lo  mira y me mira, dice -parece real, que bueno, le voy a sacar una foto.-



lunes, febrero 22, 2021

EL OJO Y LA PLUMA


Foto: Martin Heer.
Texto: Cecilia Maidana.

 

Poema I



Me hablan de si,

escucho sonidos confundidos.

Por momentos uno se impone,

calla la cháchara agitada.

Silencio, si haz de venir, 

que sea después de escuchar

la vida.