sábado, agosto 29, 2020
La casita
miércoles, agosto 26, 2020
sábado, agosto 22, 2020
Elegía
En un pequeño pueblo desangelado nació una niña, al abrir los ojos un ala blanquísima nubló su vista. El mundo real se presentó sin velos y durante algún tiempo fue incapaz de ver, comprendió que ese destino era el de todos.El pueblo existía ni más ni menos que ella.
Se sabía que su madre había querido atrapar el mundo que la había hecho feliz en el pasado, acudiendo a dar a su hija un nacimiento alejado de la desdicha.
De su padre, que usaba botas de caña alta y portaba un látigo en su mano derecha cuando montaba su caballo.
Por las noches, miraba a través de la ventana del cuarto oscuro y el cielo le revelaba secretos, que ella nunca repetía.Jugaba en las veredas mohosas donde las rayuelas no se marcaban o se borraban rápidamente, aquellos misterios no la desanimaban.
Su abuela le hacía dedos de chocolates, para que ella supiera atrapar sus fantasía
Durante el tiempo en que crecía sus amigos jugaban a atraparla sin lograrlo, ella convertida en águila volaba y desde lo alto miraba mundos distintos en la misma cuadra.Algunos se disfrazaban de moscas para seguirla, otros de gusanos para cautivarla, los más osados de ratones blancos y corrían enloquecidos, mirando hacia arriba chocando lo que encontraban a su paso
Ahora ya todos eran grandes y habían partido, incluso ella misma. Alejada del universo de la infancia, sentía pender de un hilo una bola de cristal que no osaba mirar.Cuando la nostalgia la invadía se sentía contenta, porque recuperaba por un momento esos mundos que imitaba en sus noches caliente
El jardín, se llenaba de ecos del pasado y ella ponía los pies en la tierra, para sentir el temblor de la luna.Había hermosos pájaros y animales en las sombras, el rumor de las raíces cantaban a coro una elegía, que sólo ella escuchaba
Cada vez que un niño lloraba, ella desaprendía lo vivido y profería una canción de cuna, asombrada, como si fuera un lenguaje nuevo.
C.M.
Homenaje a Arthur Rimbaud
viernes, agosto 21, 2020
Frase de : Macedonio Fernández
"Nunca tomé conciencia de que respiraba hasta que estuve a punto de ahogarme"💜
obra de: Cecilia Maidana.
miércoles, agosto 19, 2020
La Caja
Mi padre era constructor, no había llegado a ser arquitecto y trabajaba como si fuera un obrero.
Sobre el tablero de dibujo descansaba una caja que yo recordaba, era
eterna en ese espacio que frecuentaba.
Admiraba sus dibujos en grandes pliegos de papel de tela engomada de color celeste, extendidos y fijados con chinches doradas como escarabajos egipcios en las pinturas del faraón. Era su lugar de trabajo, donde ponía las obras de su imaginación, como las del niño que había sido.
Como él sabía de mi afición, le gustaba poner detalles para que los descubriera y me hacía preguntas sobre las sorpresas, desafiaba mi imaginación, guiándome por los caminos de la creación. Aprovechaba y me narraba sus sueños más feroces, fabulosos de desesperación.
En la caja guardaba sus más preciados tesoros, instrumentos, que de sólo verlo manipulándolos hubieran sabido de su amor, sin principio ni fin. Sobre esa caja había desarrollado yo mi memoria, como en un bazar oriental de colorido y brillos. A veces el sol curioso se deslizaba por la ventana y se mezclaba con el metal del compás, del tiralíneas, jugaba con gomas redondas engarzadas en centros plateados, como un collar blanco precioso. Y jugaban conmigo empapándome de destellos mágicos, un rayo de luna en la noche.
De pronto, podía
adquirir protagonismo de bailarín un lápiz trompeta de culito de goma, que
bosquejaba maravillas sobre el papel de envolver que él me daba, para que
jugara con líneas que los caprichos del azar ponían en mis manos. O la
cadencia de un móvil, en una ristra de pruebas de papel color que giraban
al son de una cadenita de brillante gris y despertaba mágicos tintineos
de carrusel.
Juré
solemnemente y estampando, sino con mi sangre, sí con tinta china roja del corazón, que nunca olvidaría estos momentos.
A veces, un plumerillo juguetón danzaba sobre
el tablero y todo adquiría sentido para mí, la vida era ese pequeño mundo en
travelling con fanfarria
La mano cobraba vida y subida en el taburete
alto observaba la pericia del dibujante. Acariciaba el papel para dejar rastros
de su enigma, podía surgir un palacio de hielo en las profundidades de una roca.
O el tiempo, saltimbanqui incorregible, le daba cuerda a personajes de pies
diminutos que debían dar saltitos para moverse, todo adquiría el color de la
felicidad y luego me lo regalaba para mi colección.
A fuerza de ser natural creció en mí la ilusión
de vida eterna.
Cuando perdí a mi padre la indefensión se apoderó de mi
corazón, sorprendiéndome ante un evento inesperado. Yo era hija y había dejado
de serlo para habitar la casa de la orfandad.
La caja siguió impertérrita su vida sobre el
tablero, la soledad la afectaba pues el color varió al amarillo a dolor grisáceo. Yo le veía desde la distancia, no lograba acercarme y
unir mi dolor a ella. Intuí un tiempo increíble de duelo sin palabras, ni
presencia.
Una tarde, luego del colegio, en un silencio de caverna, inventé un sonido, me dispuse a seguir su rastro y me llevó frente a la caja. Allí parada, sentí la brisa fresca de una noche estrellada cerca del río, muy cerca del corazón de papá, la abrí y allí estaban ellos, sus instrumentos de tortura y caricias al papel.
Yo, era otra, no quise sentir nada, ahogué los pensamientos en el río de la emoción y deje abierta la caja, con la secreta ilusión de que ellos brincarían a la vida y se irían volando en el viento del " nunca jamás". Mis dedos recorrieron la calidez y la frescura, no todos estaban aún preparados para aceptar el cambio. Tomé un porta plumas y coloque una de las más finas, moje su respingado pico y escribí con esmero el nombre de él en una hoja que había dibujado y se encontraba sobre la mesa, una hoja de otoño verde morada, símil de una mano, la mano de mi padre.
C.M.
lunes, agosto 17, 2020
"El ojo y la Pluma". foto: Martin Heer. texto: Cecilia Maidana.
Ni en mis peores pesadillas
veo la soledad plasmada en el aire de un día invernal
ni en las teorías del peligro y el riesgoso ambular
no me asomo al mundo
en esta ciudad que es una reina
la tristeza deambula bajo un sol tibio y un frío estertóreo.
El viento aúlla entre edificios se cuela en las grietas como araña
solitaria teje telas invisibles
triste la pendiente al bajo conduce
nadie cruza la calle, salvo la solitaria realidad
quien se atreva arriesga
vida, amor
Aguardaré que florezca algo en la sombra.
miércoles, agosto 12, 2020
martes, agosto 11, 2020
El refugio
Sin tener ninguna experiencia de la muerte le vi los pies y sembró en mi tal confusión que para no temerla comencé a amarla.
Contaba yo con ocho años, nunca se había hablado en mi casa sobre ese acontecimiento que descubrí sin apronte, nadie de mi familia había muerto o al menos a mí me lo habían ocultado. No estaba exento de angustias, pues mis padres se llevaban de terror, la casa podía ser un cuadrilátero en cualquier momento del día. Contiendas donde nadie y todos perdíamos, yo mi infancia y mi hermana confianza. Un costo altamente recomendable para que la muerte viniera a tentarme.
Empecé a interesarme en el tema y leía todo cuanto caía en mis manos, nadie se enteraba de nada y yo hacia mis estudios nefastos. Las lecturas alteraban profundamente mis percepciones, la imaginación corría en pos de más historias y leía situaciones experimentadas por otros. Mi hermana dormía en mi cuarto y nunca se enteró, ocultaba mis inmersiones en un submundo secreto.
Los sueños se repetían, me levantaba en una semi- conciencia y respiraba con dificultad, el temor mordía mis noches y mi cuerpo todo, sufría alteraciones, palpitaciones, sudaba frío. Debía morder mis manos para no gritar ante las percepciones falsas que se me suscitaban.
En internet encontraba lugares horrendos, donde la gente iba a morir, agonizar o sufrir el dolor de la soledad. También fotografías con cadáveres de famosos fotógrafos, Witkin era mi favorito,la oscuridad, la falta de entendimiento de lo que veía me provocaba llanto, que ahogaba en las sábanas. Más nada de esto fue visto u oído. En el colegio hablaba con mis amigos, sumidos en un pacto de silencio, extremábamos nuestras observaciones para no ser descubiertos.
Una noche en que mis padres habían salido, decidí probar una experiencia que me llevara a ese estado de inconsciencia que deseaba. Poder dominar mi cuerpo y evadirme en los momentos que yo quisiera, no ver, ni oír a mis padres en su repetición gozosa de pleitos individuales, acusaciones, burlas. Pensaba en cuál sería la manera de perderme, desaparecer por un rato. Me hallaba cada vez más solo, pues mi hermana salía mucho, para no sufrir igual que yo, por su edad eso era posible, pero en mí no lo era, debía compartir el amor de mis padres que a duras penas se acordaban de mi.
Mi vida se había reducido a nada, sin placer por estar con amigos, sin familia y sin contención, mis padres discapacitados de amor y tampoco se esforzaban, en mi caso había perdido la noción de la realidad de un niño, me sentía viejo y desahuciado.
Descubrí que el placard podía ser un lugar seguro, ahí me refugiaba durante las peleas, eso era lo que necesitaba para mis experiencias.Busqué la llave para encerrarme en él, me aseguré cuidadosamente que la perilla fuera resistente y cuando mis padres partieron, me encerré en ese oscuro lugar, para ejecutar mi acto de fuga.
La corbata de papá aguantó, la perilla también. Y acá estoy, en una cama de sanatorio, en coma y lúcido. Veo a mi familia ir y venir todos los días, a toda hora, a visitarme, a leerme, a besarme, me tocan, me acarician, rezan.
Creo que lo he logrado, si no fuera que como7 solución es un poco extrema.
C.M.
viernes, agosto 07, 2020
Cae un resplandor sobre la retama,
la hora de las sombras largas
No se sabe si es una lluvia de oro
o cristal por donde el sol penetra
y se refleja
Llegan los gansos con sus parejas y
las flores caen a sus patitas
ellos picotean con suave cadencia
El viento mece las ramas delgadas
como estiletes
y suenan
y mi cabello rojo se enreda en ellos
bailando al son de la música y respira
el alma
Duele tanta belleza.
jueves, agosto 06, 2020
donde los pájaros vuelan
en el sentido del amor
No existe un desierto perdurable/
la naturaleza rebelde conserva
libertad y deseo/
Toda el agua no calmará la sed
ni las llamas de un sol incandescente
ni la sangre vertida/
Y las aves verán en su espejo
correr los dias /
de felicidad completa.
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