En algunas noches secas y brillantes, cenábamos en la galería del fondo de la casa.
Allí la noche era más profunda y siniestra.
Recuerdo bien la casita, tan perfecta y ajena.
Mamá y la abuela hablaban con mi hermana que no me quitaba los ojos de encima,
Esa noche soñé que mataba a mi hermana,
me ponía el vestidito de tul amarillo de su muñeca
y me iba a vivir a la casita.
Y la abuela y mamá me miraban satisfechas.
Termine como termine, la vida siempre llena de sueños.
Sé una perra valiente, me dije,
todo lo que vivas te despertará en un mundo distinto.
Volverás a jugar, crecerás y serás poeta.
