Mi padre era constructor, trabajaba como obrero
Sobre su tablero de dibujo
descansaba una caja
Él construía sobre la tela engomada celeste
fijada con chinches doradas, como escarabajos egipcios.
No hablaba, pero en sus dibujos,
yo veía sus sueños
en la vigilia.
La caja guardaba sus instrumentos,
y detalles para mi asombro,
me guiaba por el camino de la creación.
El sol entraba por la ventana,
a jugar con el compás o el tiralíneas,
y me empapaba de destellos mágicos.
Eran mis juguetes preferidos.
A fuerza de ser natural, creció en mí
la ilusión, de vida eterna.
Cuando perdí a mi padre, la indefensión
se apoderó de mí, con la sorpresa de un evento inesperado.
Yo era hija, y había dejado de serlo, para
habitar la casa de la orfandad.
La caja siguió impertérrita
su vida sobre el tablero..