Penélope ya es una señora grande. Ulises no ha vuelto a su lecho. Calipso y Circe no lograron seducirlo con la inmortalidad. Huyó en busca de su amada, ella lo esperaba tejiendo y destejiendo soles y lunas, de una madeja formada de sueños y su historia de amor eterno, nada interrumpió su deseo. Al final un hilo la unía al dibujo del destino, oscuro como un sol negro