jueves, julio 30, 2020


De universos brutales

Yo sé que cada mañana había nuevas promesas en el jardín que tenía para mí sola.
 En ese lugar mágico, todos los pájaros y visitantes crecían con igual fuerza, gusanos y Alelíes, 
arañas verdes y rojas con naranjas, y los perritos cubiertos de pulgas que se rascaban el lomo sobre la tierra hasta hacérselo sangrar.
Yo quería ser una niña no mujer antes de tiempo, pero el plan del señor no era ese, a veces las cosas suceden antes del tiempo en que se abren las flores; 
todo eso deja una marca como de algo roto que ya no se arregla. 
Si hubiera estado mamá o alguien que me mirara, hubiera notado que perdía la frescura
 como una flor demasiado tiempo en el agua y hubiera preguntado
 por eso tan oscuro y espantoso que me había sucedido.
Me atreví a seguir viviendo y las cosas fueron cambiando, nunca le conté a nadie,
 nada y la única valiente en todo eso fui yo, aunque a veces dudo.


 

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