jueves, julio 30, 2020


De universos brutales

Pasábamos por el ligustro alto como un hombre, rodeaba un jardín lleno de plantas negras donde no daba el sol y daba miedo vivir allí.
El loro recorría el ligustro como una penitencia invariable, 
vestido con un chaquet verde brillante y una coronita roja y amarilla, se pavoneaba como un rey malvado, presto para castigarte si te atrevías a acercarte.
Recuerdo mi miedo feroz y la saliva salada y amarga como lágrimas en los ojos.
Y no poder llorar, porque a ese niño en la caja blanca, rodeado de gladiolos blancos voluptuosos y rosas con espinas y un tul finísimo como las babas del diablo, yo, no lo conocía. Pero sentía que algo terrible y blanco le había sucedido.




"El Ojo"

  El ojo El día plomizo enajenaba su vista, fruncía el entrecejo y entornaba los ojos, el verde desbordaba los parques.  Cruzó la calle rumb...