miércoles, julio 08, 2020

De la Quimera de los sueños ( Fragmentos)


La quimera de los sueños

El hombre poseía un atrapa sueños, le había sido obsequiado por una persona de Taos, le dijo - te permitirá el viaje al estado de los enigmas, cuélgalo en la cabecera de tu cama-

 La cofradía de los navegantes de sueños existía, pensó, quizás podía ser uno de ellos. La gente le relataba sus sueños y los escribía para poder penetrar en su secreto, era una vida errante, se sentía agitado, practicaba como un profeso la inmersión en las profundidades de la mente. Se imponía la experiencia de salir de su persona para entrar en otra. En algunos sueños alcanzaba a vislumbrar lo insondable, sentía que era un arte arduo y peligroso, fuera de la realidad. ¿Cómo se sumerge uno en la oscuridad y luego puede emerger a la luz? Se preguntaba

 Leía en ellos como en un libro aún no escrito, todo podía ser cambiado por las palabras del soñante, corría el riesgo de que, de improviso, lo anularan, o él mismo fuera apenas un esbozo de lo que quería decir la persona, sin poder acceder a los deseos. En ese interior las cosas y el sueño se entreveraban, como una planta parásita con otra, como el tallo de una enredadera a un poste. Ejercitaba el trance auto inducido y como un profeta, encontraba respuestas para los que eran torturados por sus ensoñaciones, pero al obstinarse en esa técnica comenzaba a vivir fuera de sí, el retorno a veces le era vedado. 

Frecuentemente algún sueño lo reclamaba, se hundía en las profundidades, los sueños no eran iguales, en el fondo nunca se sabe que se va a encontrar. A veces se siente que se está en la cima o bien en el abismo, es posible perder

En algunos sueños se presentaban los fantasmas del soñante, historias muy reales que espantaban al atrapador de sueños. Era posible quedar seducido, atrapado en esas fantasmagorías, una especie de palacio helado transparente con torres afiladas y tortuosas, filamentos del sueño intentan atrapar a quién se atrevía a desafiarlos.


"El Ojo"

  El ojo El día plomizo enajenaba su vista, fruncía el entrecejo y entornaba los ojos, el verde desbordaba los parques.  Cruzó la calle rumb...