miércoles, febrero 29, 2012

La vida surrealista de Shoji Ueda

La vida surrealista de Shoji Ueda.

Shoji Ueda fue un fotógrafo de Tottori, Japón, que combinó surrealista elementos de la composición con la representación realista. Ueda nació el 27 de marzo de 1913 en Sakai (ahora Sakaiminato)y comenzó a envolverse en el mundo de el arte a muy temprana edad. En 1930 recibe una cámara de su padre por lo cual entro rápidamente en el mundo de la fotografía y uno de sus trabajos fue incluido en una revista japonesa.

En 1930 Ueda formo el grupo fotográfico Chugoku Shashinka shudan con Ryosuke Ishizu, Kunio Masaoka, y Akira Nomura, desde 1932 hasta 1937 y el grupo expuso sus obras en cuatro ocasiones en Konishiroku Hall en Tokio. Estudió fotografía en la Escuela de Fotografía Oriental en Tokio en 1932 y regresó a Sakai, abriendo un estudio fotográfico, Ueda Shashinjō cuando todavía solo tenía diecinueve años. Se casó en 1935, y su esposa le ayudó a ejecutar su estudio fotográfico. Su matrimonio fue feliz, su esposa y sus tres hijos se repiten los modelos de sus obras. Ueda se activa como un aficionado, así como un fotógrafo profesional, participando en diversos grupos.

Ueda encuentra las dunas de arena de Tottori telón de fondo ideal para los retratos individuales y de grupo, generalmente en formato cuadrado y hasta relativamente tarde, todos en blanco y negro. En 1949, inspirado por Kineo Kuwabara, entonces el editor de una revista. Las fotografías fueron publicadas por primera vez en el septiembre y octubre de 1949. También empezó a fotografiar desnudos en las dunas, en 1951, y desde 1970 se utilizó como telón de fondo para la fotografía moderna.

Obtuvo muy buenas críticas y fue muy popular a mediados de los setenta. desde entonces salieron a la luz muchos libros que incluían sus trabajos. Ueda tuvo que soportar la muerte de su esposa en 1983, continuo trabajando hasta bien entrados los noventa y finalmente murió de un ataque al corazón en el 2000.

Desde entonces fue creado en Japón el museo de fotografía dedicado a Shoji Ueda el cual contiene muchas de sus obras.

Algunos de sus trabajos.















Miroslav Tichý, el fotógrafo vagabundo



Era un vagabundo solitario que recolectaba basuras de todo tipo acumuladas entre la mugre y los bichos que esta acarrea, en su pobre domicilio en la ciudad checa de Kyjov. Miroslav Tichý (1926, Netcice, República Checa) era también un fotógrafo que expuso en prestigiosas instituciones como el Centro Pompidou de París en 2009 y el año pasado en el International Center of Photography, de Nueva York. El pasado 12 de abril murió a los 84 años y con él una mirada cálida y misteriosa sobre el gesto íntimo, sobre todo de las mujeres de su ciudad. Antes de ser descubierto por uno de los popes del arte contemporáneo, Harald Szeemann, que expuso su trabajo por primera vez en la Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla en 2004, Tichý había vivido en la marginalidad, considerado un indigente con problemas mentales. Pasó más de tres décadas entrando y saliendo de prisiones y psiquiátricos, perseguido por la tenaz policía comunista.

De una timidez extrema, mientras estudiaba en la Escuela de Bellas Artes de Praga en la posguerra se rebeló contra las autoridades junto a un grupo de estudiantes. La razón fue estética, no política. El nuevo régimen dictatorial había decidido cambiar las modelos que posaban para dibujo del natural por rudos obreros con mono. Dejó los estudios, dejó todo. Su fascinación por las mujeres es la constante de su vida. Pintaba, pero sus cuadros no interesaron a nadie. Lo echaron de su estudio y de su casa, edificios nacionalizados.

En los años setenta se construyó una cámara con materiales de desecho y con ella salió cada día, con ese aspecto de mendigo o de demente, a hacer fotos de mujeres que caminaban, descansaban en el parque, tomaban el sol en la piscina o subían a un autobús. Sus fotografías, que revelaba descuidadamente en su chabola, tienen un aspecto borroso, a veces sobrexpuestas, con rayaduras, impresas sobre papeles rasgados a mano, enmarcadas en ocasiones con simples cartones coloreados. Son características que lo ligan a lo pictórico. Tienen el encanto y el embrujo de lo imperfecto, de lo manual; también se nota la carga sensual en la mirada de este voyeur, ladrón de momentos fugaces e intrascendentes.

Sus fotografías se vieron en Madrid y en Palma de Mallorca en sendas exposiciones en las galerías Ivorypress y Kewenig, en 2009. Ahí se presentó también un documental, Tarzán jubilado. Hombre lacónico, este Diógenes de nuestro tiempo manifiesta en ese vídeo ciertas ideas que parecen heredadas del filósofo cínico: "Si quieres ser famoso tienes que hacer algo y hacerlo peor que cualquier persona del mundo entero", dice. Tichý vivió quince años de fama, casi setenta de soledad.

Miroslav Tichý junto a una de sus obras. / VACLAV SALEK

extraída del diario El País.