domingo, diciembre 14, 2008

UNA MAÑANA DE DICIEMBRE


























































Mañana de diciembre, trasparenta el aire desvelando su invitación, clara y fresca. Largo paseo por el botánico. Lo que imprime en primera instancia es el olor, me transporta a la infancia en el norte del país donde atravesé por situaciones fundacionales de esta persona que soy hoy, una historia que a puro esfuerzo por superar terminó por enseñarme su valor.
Melodía de tonos que no siempre puedo apreciar, vegeta la acción frente al movimiento de los sentidos impactados y me invade una sensación de bienestar que se plasma en lo conciente. Busco dónde escribir, rápido, una ráfaga, se pierde el instante, una servilleta de papel se aleja de su intrínseco valor para ser instrumento de lo poético.
Aquí y allá un ínfimo punto dorado rasga la transparencia del aire, un imperceptible movimiento en el follaje delata un cantor.
Un abrazo en el cielo y desde allí una cortina inconstante, solo al ser iluminada por el sol, advierte a la mirada que todo es perpetuo movimiento. El camino, exhibidor involuntario deja teñir de dorado su grava roja.
Los olores en una suerte de "deja vú" siguen secuencias físicas a veces dolorosas. Jazmines del aire y la abuela Maria, almas que nos dejaron su valor y dulzura se alzan entre el aire y yo. La sombrilla de la virgen y Coca, donando pedazos de cielo en sus ramos. Santa Rita morada y el abrazo de mi abuela, glicinas portentosas rozando su cara, tocando sus mejillas, voluptuosas, tentando caricias.
Penetrada sin violencia, penetración sinuosa camino a la abstracción, una alquimia trasmuta lo olfativo en visiones primigenias, a la esencia de los sentidos.

C.M







miércoles, marzo 19, 2008

UNA VIDA EN CELULAR

Estar conectado a todo es una elección de vida, algunos se encierran en su pequeño mundo, otros eligen abrirse. Ni mejor ni peor, quizás el valor de conectarse se va perdiendo y quedan pocos especímenes que hacen de la comunicación un estilo de vida valioso.